Tomás Salas Chaves escribe un artículo en la memoria de san Juan Bosco

Tomás Salas es abogado y cooperador salesiano

Se llamaba Juan Melchor Bosco Occhiena. Nació el 16 de agosto de 1815 en la aldea de I. Becchi, próxima a Turín. Su vida fue una demostración de que los grandes acontecimientos de la Historia empiezan en cosas sencillas.

Hijo de agricultores, a la edad de 2 años quedó huérfano de padre. Muchas fueron las dificultades que Margarita Occhiena, madre de esta pobre familia del Piamonte italiano, tuvo que afrontar en un contexto socio político de escasez y enfermedades tras la caída del Imperio Napoleónico y la firma del Acta del Congreso de Viena.

La vida de Juanito se vería marcada por un insignificante sueño, a la edad de 9 años, que le dejaría impresa una huella indeleble para el resto de sus días. Sería pastor de almas.

Seminarista en Chieri, y más tarde sacerdote en Turín, fue testigo directo de las convulsiones sociales originadas por la revolución industrial y la unificación política de Italia. Su experiencia en las cárceles con los chicos de la calle sellaría definitivamente su destino.

En una época de fuerte sentimiento anticatólico, propagó la prensa y cultura católicas, lo que le valió sufrir varios atentados contra su persona, de los que saldría indemne.

Con la ayuda de sus primeros salesianos, y de multitud de personas de toda condición, dio respuesta inmediata a miles de jóvenes fundando oratorios, casas de acogida y colegios. Más tarde fundaría dos congregaciones religiosas (salesianos e hijas de María Auxiliadora) y una tercera rama seglar de Salesianos Cooperadores, y llegaría a todos los rincones del planeta mandando salesianos y salesianas a tierra de misión.

D. Bosco intuyó que la Educación es cosa del corazón, ideando un modelo educativo basado en la prevención, antes que el castigo, en la cercanía con el joven antes que en la mera transmisión de conocimientos, modelo éste que hoy se estudia en cualquier manual de pedagogía moderna y cuyo objetivo final es hacer de los jóvenes honrados ciudadanos y buenos cristianos.

De una recia espiritualidad centrada en una vivencia intensa de la Eucaristía, la devoción a la Virgen Inmaculada, invocada posteriormente como Auxiliadora, y en su fidelidad sin fisuras al Papa, fue reconocido en la Europa de finales del XIX como un santo en vida. Beatificado el 2 de junio de 1929 y canonizado el 1 de abril de 1934, el papa Pío XI se refirió a él como “el apóstol de la juventud” y más recientemente Juan Pablo II lo declararía “Padre, Maestro y Amigo de los Jóvenes”.

Ciento treinta y cuatro años después de su fallecimiento, acaecido un 31 de enero de 1888, la Congregación salesiana está presente en ciento treinta y tres de los ciento noventa y nueve países reconocidos por Naciones Unidas.

D. Bosco es patrón de Editores Católicos desde 1946; en 1958 fue declarado patrono de los aprendices de Italia. En España, es el santo protector de los estudiantes de Formación Profesional. También lo es de los cineastas, actores de doblaje, de los magos, las gentes del circo y del cuerpo de Especialistas del Ejército de Tierra. A la sombra de D. Bosco nacieron también equipos de futbol como la Juventus de Turín, creada por alumnos del oratorio de Valdocco y en Argentina el San Lorenzo de Almagro.

Recorrer hoy la vida de este sacerdote, pequeño de estatura pero fuerte de temperamento, resulta más necesario que nunca. Porque si hay algo que D. Bosco consigue en toda época es cambiar la vida de las personas, en especial de los jóvenes en dificultades.

Huyendo de estereotipos, y por encima de ideologías, la familia salesiana sigue apostando incondicionalmente por los jóvenes, trabajando incansablemente y a contra corriente para transformar la sociedad a través de la educación. Fruto de ello son las generaciones de jóvenes formados en  casas salesianas, como las existentes hoy en Extremadura (Mérida,  Puebla de la Calzada y Badajoz). Mujeres y hombres, religiosos y seglares, profesionales de la educación que, con sus virtudes pero también sus defectos y errores, consagran sus vidas por completo a gastarlas literalmente en educar integralmente y evangelizar a los jóvenes y las clases populares, sin distinción alguna de raza, cultura, religión o clase social.

Hoy es un día de fiesta, porque celebramos la alegría de formar parte de esta imparable marea humana que es la Familia Salesiana, pero también un día para contagiar esperanza a toda la sociedad en estos momentos tan difíciles que vivimos, porque D. Bosco no es patrimonio solo nuestro, sino de todos.

Igual que ayer y siempre, hoy de nuevo gritamos ¡¡adelante siempre con Don Bosco!!

Tomás Salas Chaves

San Juan Bosco.
Arzobispado de Mérida-Badajoz
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