Artículo de D. Celso Morga en el nº 1.374 de la revista diocesana “Iglesia en camino” titulado “Tecnología al servicio de la persona” y que reproducimos a continuación:
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Queridos fieles:
Con preocupación y dolor estamos viviendo los acontecimientos que se han producido en nuestra archidiócesis. Un grupo de menores, utilizando sistemas de inteligencia artificial, ha creado y distribuido imágenes falsas de chicas con contenido sexual. A la preocupación y dolor común, añado mi dolor personal por estos hechos. Primero por las chicas a las que se ha ofendido de forma tan grave, y no solo por ellas, también por sus padres. En segundo lugar, por los menores responsables de los hechos y sus progenitores.
Cuando santo Tomás manifestó su falta de fe sobre la resurrección de Cristo ante el resto de los apóstoles, dejó abierta una puerta: no lo creería hasta que sus ojos lo viesen. “Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo” (Jn 20, 24-25). Hoy día la tecnología ha creado una realidad paralela que muchos no diferencian de la verdadera realidad. Hay cosas, que aun viéndolas, son falsas, como las imágenes difamatorias que se han difundido.
Hoy recordamos, con el Catecismo de la Iglesia Católica, que “la ciencia y la técnica están ordenadas al hombre que les ha dado origen y crecimiento; tienen por tanto en la persona y en sus valores morales el sentido de su finalidad y la conciencia de sus límites” (CIC, 2293). Si la tecnología y nuestra relación con ella no está regida por normas morales, se vuelve contra la persona humana. “Internet es un don de Dios, pero también es una gran responsabilidad. La comunicación, sus lugares, sus instrumentos han traído consigo un alargamiento de los horizontes, un ensanche, para tantas personas. Aprovechemos las posibilidades de encuentro y de solidaridad que ofrecen las redes sociales. Y que la red digital no sea un lugar de alienación. Sea un lugar concreto, un lugar rico de humanidad. Pidamos juntos para que las redes sociales no anulen la propia personalidad, sino que favorezcan la solidaridad y el respeto del otro en sus diferencias”. (Vídeo del Papa junio 2018).
Ante todo esto, ¿qué podemos hacer? Como Iglesia, seguir trabajando en la formación integral de los niños y jóvenes en nuestras catequesis. Hacer de ellas y ellos buenos cristianos y honrados ciudadanos. Buenos cristianos que tengan claro que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo debe ser el norte de nuestras vidas, enseñarles que hay comportamientos que ofenden a Dios y a las personas con las que convivimos, que son imagen y semejanza de Dios e hijos e hijas suyos. No podremos construir un mundo mejor si, en ese mundo, Dios está ausente. En esta enseñanza tienen un especial papel los padres y las familias cristianas; una enseñanza que gana posibilidades de éxito con el ejemplo de vida, que se transmite como una segunda piel a los hijos.
Junto a todo ello hay también una responsabilidad social. No vivimos aislados, no somos seres individuales sin relaciones sociales ni familias que van por libre. La sociedad es un tejido de relaciones que funciona bien si el tejido es de calidad y se entrelaza con maestría. Y frecuentemente vemos cómo la publicidad, los mensajes directos o subliminales en los medios de comunicación o nuestras propias conversaciones desprecian todo aquello bueno que, cuando no está, produce escándalo y mucho dolor.
Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

