Manos a la obra

Queridos hermanos y hermanas de la diócesis: ¡El Señor os dé la paz! Llegó septiembre. Un mes deseado por muchos, para volver a la normalidad, pero también acogido con cierta preocupación por otros. Estrenamos este curso con Ceuta en el ojo del huracán. En este contexto no puedo dejar de pensar en los hermanos ceutís que empiezan este nuevo curso con muchos interrogantes y muchos miedos y preocupaciones, y que por el momento no encuentran una repuesta que les devuelva la confianza que han perdido en las instituciones. Se sienten solos y “abandonados” por quien tiene la obligación de velar por todos los españoles.

Por mi parte me siento muy cercano a ellos y estoy seguro que en esa cercanía estoy acompañado por la gran mayoría de los que formamos parte de esta Iglesia que peregrina en Mérida-Badajoz, como lo hemos demostrado en los actos que se celebraron con motivo del día de la Ciudad Autónoma de Ceuta de este año. Pienso, también, en los miles de personas que han cruzado la frontera que separa Marruecos y España, empujados no se sabe bien por quién, pero que, partiendo de sus mismas declaraciones, podemos constatar la situación de vulnerabilidad en todos los sentidos en que viven muchos de nuestros hermanos vecinos.

Me quedó muy grabada en la mente y en el corazón una imagen en la que un niño se agarraba a un policía español gritando: “Marruecos no, Marruecos no”. Como ya he manifestado en otras ocasiones, es hora de cambiar la ley de extranjería que lleve a defender nuestras fronteras y al mismo tiempo es hora de manifestar nuestra plena solidaridad con quienes, muchas veces, se ven obligados a dejar su tierra buscando un futuro mejor. En ambos casos es cuestión de justicia y de derechos humanos. Del derecho a emigrar no se excluye la potestad y responsabilidad de los estados, en este caso el Estado Español, a defender y controlar sus fronteras.

La ley de extranjería debe armonizar el bien particular y el bien común. Nuestras instituciones no pueden “mirar para otra parte” y dejar de escuchar el grito que nos llega de una parte y otra. Y lo que es cierto es que Ceuta no puede afrontar sola esta situación. Hemos de ayudarla. Como Iglesia local, comenzamos este nuevo curso pastoral estrenando un nuevo Plan Diocesano de Pastoral, que nos servirá de guía en estos tres próximos años en nuestra tarea evangelizadora, centrada ésta en el encuentro personal con Cristo, corazón de la misión que nos ha sido confiada: anunciar el Evangelio de Jesús, a los de cerca y a los de lejos.

Dos objetivos concretos nos hemos fijado para este curso: el Primer Anuncio y el Domingo, como “Dies Domini”, “Día del Señor”, como señala el Vaticano II y subrayó el Papa Juan Pablo II, poniendo de relieve la centralidad e importancia de celebración del domingo, como fiesta primordial y reveladora del sentido del tiempo. Todo ello tiene que ver mucho con la catequesis de niños, jóvenes y adultos, así como con la liturgia y con los demás sacramentos. En este contexto estamos llamados a renovar la catequesis en nuestra Archidiócesis y cuidar mucho la celebración de los sacramentos, como medios privilegiados que pone a nuestra disposición la Iglesia para el Primer Anuncio, tal como indico en la Carta pastoral que he escrito al inicio de este curso: “Unidos en la Esperanza, guiados por el Espíritu” y que os invito encarecidamente a leer y reflexionar.

Para ayudarnos a todo ello, en la última reunión del Consejo episcopal, celebrada el día 3 de este mes, hemos acordado constituir un Consejo formado por las distintas Delegaciones y por otros agentes de pastoral que a lo largo del curso nos ofrecerán un “itinerario” para la iniciación cristiana y para la celebración de los demás sacramentos, como pide el mismo Plan diocesano de Pastoral. Mientras tanto, durante el curso que ahora comienza prepararemos materiales que nos ayuden a conocer mejor lo que comporta el Primer Anuncio y sobre la centralidad del Domingo en la vida de la comunidad cristiana. Desde ahora pido a los arciprestes y a todos los sacerdotes que, en profunda escucha, comunión y colaboración con los fieles laicos y consagrados, nos pongamos en la mejor disposición para dar cuerpo a esos objetivos, seguros que de este modo contribuiremos a la renovación de nuestra Iglesia de Mérida-Badajoz.

Pongo el nuevo Plan diocesano de Pastoral bajo la mirada materna de María, la Virgen hecha Iglesia y Estrella de la Evangelización, tan venerada y amada por nuestro pueblo en las más diversas advocaciones. Ella, portadora de Cristo al mundo, nos impulse a llevarlo también nosotros a aquellos a los que somos enviados. Nos ayude a tomar cada día más conciencia de que, como el sol ilumina y rompe la oscuridad del océano, así nosotros, discípulos y misioneros, estamos llamados a iluminar y romper las tinieblas del corazón de nuestros contemporáneos con la luz del Evangelio. Vuestro hermano y pastor que os bendice de corazón.

Fr. José Rodríguez Carballo, ofm

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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