Artículo D. Celso.- El susurro del pobre

Artículo de D. Celso Morga en el nº 1.382 de la revista diocesana “Iglesia en camino” titulado “El susurro del pobre” y que reproducimos a continuación:

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Queridos fieles:

Este domingo la Iglesia universal celebra una de las jornadas de más reciente creación: la Jornada Mundial de los Pobres, una jornada que surgió hace siete años al clausurarse el Año de la Misericordia, el 13 de noviembre de 2016. Al finalizar la homilía, y de forma espontánea, el Santo Padre dijo: “quisiera que hoy fuera la Jornada de los Pobres”.
Tradicionalmente hemos concebido al pobre como la persona que tiene carencias económicas, una pobreza que se “combate” con la limosna. Siguiendo al Catecismo de la Iglesia Católica, diremos que “en materia económica el respeto de la dignidad humana exige la práctica de la virtud de la templanza, para moderar el apego a los bienes de este mundo; de la justicia, para preservar los derechos del prójimo y darle lo que le es debido; y de la solidaridad, siguiendo la regla de oro y según la generosidad del Señor. (CIC 2407)
El pobre no es solo el que no tiene, es también el que no cuenta. Quienes marcan tendencia son las personas famosas, los ricos, los poderosos, los que ponemos en la “portada” de la vida. Ellos nos dicen cómo debe ser nuestro comportamiento, a qué hay que aspirar, la imagen que debemos presentar. En cambio, los pobres son mudos y silenciados.
Nuestra conciencia de cristianos debe tener suficiente finura espiritual para escuchar el grito silencioso de los pobres, que nos llega como un susurro porque Dios nos habla a través de ellos.
Junto a la pobreza económica, la falta de bienes materiales y recursos para vivir dignamente, hoy encontramos muchas formas de pobreza, algunas invisibles y casi todas invisibilizadas. En ese lado de la vida están las personas mayores que están solas; los niños descartados ya desde el seno materno porque no superan nuestros “estándares de calidad”; las personas sin hogar, muchas atacadas por enfermedades mentales; la gente que vive en zonas de guerra, como señala el papa Francisco en su mensaje para esta jornada; las personas con trabajos precarios que no les dan para vivir, otros en condiciones laborales penosas, jóvenes que aspiran a lo que no pueden llegar ni en trabajo, ni en vivienda, lo que les dificulta crear la familia que quieren formar. Junto a todas esas pobrezas materiales y culturales, nos encontramos también pobrezas espirituales, la de tantos hombres y mujeres que no conocen a Dios o que, partiendo de un conocimiento erróneo, lo desprecian. Para todos ellos los cristianos debemos ser medicina que cure o bálsamo que alivie, dando o dándonos, valorando a todos y escuchando al que lo necesite. Este domingo es un día especial para la reflexión, todo el año lo es para la acción.

Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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