[Artículo D. Celso] Vivamos la Semana Santa

Artículo de D. Celso Morga en el nº 1.319 de la revista diocesana “Iglesia en camino” y que reproducimos a continuación:

Queridos fieles:

Terminada la Cuaresma, la Iglesia, nuestra Madre, nos invita a entrar de lleno en la Semana Santa para revivir la Pascua del Señor, el gran misterio de su Pasión, Muerte y Resurrección.
Viviremos, en primer lugar, su entrada triunfal en Jerusalén, cabalgando un borrico como trono de su realeza divina. Se nos presentará como un Rey de paz, en estos momentos tan convulsos de guerra, para indicarnos cuál es el sendero de la verdadera paz en el corazón de los hombres. Aprovechemos este año esa celebración tan entrañable, tan llena de sencillez y de humildad, para pedirle al Señor por tantos inocentes que están sufriendo los rigores de la guerra en Ucrania.
Ya en la Ciudad Santa, reviviremos la tarde noche del Jueves Santo la institución de la Eucaristía, el gran misterio del amor de Jesús que nos entrega su Cuerpo y su Sangre para el perdón de nuestros pecados.
Esa misma tarde noche lo acompañaremos orando junto a Él en el Huerto de los Olivos y por el doloroso camino que termina en la Cruz.
La Liturgia, y también la devoción popular con las procesiones, dedican todo su empeño para que los cristianos podamos revivir el gran misterio de nuestra Redención. Agradezco a los sacerdotes y grupos litúrgicos el esfuerzo que realizan para que todos podamos vivir mejor los misterios de estos días; asimismo, agradezco a todas las Cofradías y Hermandades de nuestra Archidiócesis todo el empeño que ponen para ayudar a los fieles a contemplar por las calles ese mismo misterio. Es una fuerte invitación a hacer un alto en las labores cotidianas para revivir el misterio pascual, no con una actitud pasiva y distante, sino con un corazón bien dispuesto a corresponder a tanto amor, con verdadero dolor por nuestros pecados, sincero arrepentimiento y propósito de volver a Dios, correspondiendo con generosidad a su total entrega. Es muy importante, queridos fieles, sobre todo la participación en la Liturgia, verdadero manantial del que brota la verdadera piedad para aumentar nuestra esperanza de salvación en Cristo resucitado.
La Resurrección del Señor nos abre las puertas a la vida eterna. ¡Es fundamental!: vivamos abiertos y en espera gozosa de la vida eterna. Todo el Evangelio, toda la vida y predicación de Jesús es un abrirnos a ese horizonte de la vida eterna, que tanto nos cuesta porque a veces nos apegamos idolátricamente a esta vida. Su triunfo sobre la muerte adquiere tal dimensión que cambia totalmente la perspectiva de la vida presente: amamos esta vida, la defendemos y cuidamos con todo esmero pero no tenemos aquí morada permanente; somos peregrinos; caminamos, esperanzados en la fuerza de su resurrección, hacia la vida eterna.
Este hecho hace del Domingo de Resurrección la celebración más importante de todo el año litúrgico. Si el Domingo de Resurrección entra verdaderamente en nuestro interior, las contradicciones, dolores y sufrimientos más íntimos y desestabilizadores nos servirán para identificarnos, poco a poco, con los sufrimientos del Señor y comprender que ese acontecimiento tan doloroso que estamos viviendo, siendo voluntad de un Dios que nos ama infinitamente, es lo mejor para nosotros, en esos momentos. Llegar hasta ahí supone una unión de fe y de amor con Cristo, fruto de la gracia, que debemos pedir sin cansarnos. “Quien me sigue no caminará en tinieblas”, ha dicho el Señor y Él está siempre cerca de los “atribulados”. Os deseo vivir así esta Semana Santa. Con mi bendición.

+Celso Morga
Arzobispo de Mérida-Badajoz