La Archidiócesis presenta una memoria volcada en la acción social

MEMORIA 2025

Bajo el lema «Dios cuenta contigo», la Archidiócesis de Mérida-Badajoz ha presentado los detalles de su memoria anual 2025 con motivo del Día de la Iglesia Diocesana, que celebramos este domingo 8 de noviembre.

Más allá de la radiografía económica y asistencial, el arzobispo de Mérida-Badajoz, D. José Rodríguez Carballo ha querido poner el foco en el corazón de la convocatoria: una llamada a superar la mentalidad de meros usuarios o espectadores para redescubrir el valor de sentirse parte activa de una comunidad que camina unida.

De la pregunta individual a la corresponsabilidad comunitaria

Durante la rueda de prensa, el Arzobispo ha subrayado que el objetivo principal de esta jornada trasciende con creces la mera recaudación económica. «Si falta el sentido de pertenencia, automáticamente cae todo lo demás», advirtió, insistiendo en que el reto pasa por cambiar una pregunta frecuente «¿qué me aporta a mí la Iglesia?» por otra mucho más transformadora: «¿qué puedo aportar yo a la Iglesia?».

Este llamamiento a la corresponsabilidad cobra especial relevancia este año con la puesta en marcha del nuevo Plan Pastoral Diocesano. Desde la catequesis y la liturgia hasta el acompañamiento a personas vulnerables o el propio sostenimiento económico, la diócesis recuerda que cada bautizado tiene un papel que desempeñar en su parroquia, el lugar donde la Iglesia diocesana se hace visible en el territorio.

Radiografía pastoral: una Iglesia viva y presente en la comunidad

Toda esta acción descansa sobre una amplia red humana y parroquial desplegada por toda la geografía diocesana. La archidiócesis cuenta con 202 parroquias, 13 monasterios y 54 comunidades de vida activa que agrupan a cerca de 400 religiosos y religiosas, acompañados en el trabajo pastoral por 213 sacerdotes, 34 misioneros y 4 seminaristas mayores.

La vitalidad de la comunidad se refleja en la celebración de sus sacramentos: durante el último curso se oficiaron más de 3.000 bautizos, 1.500 primeras comuniones, más de 2.500 confirmaciones y 658 matrimonios. Asimismo, la labor educativa y catequética llega a 15.000 niños gracias a la entrega de más de 2.200 catequistas, a los que se suma la presencia de 25 centros educativos católicos (uno de ellos de rango universitario). La oferta de formación y cultura se completa con los talleres de las Conferencias de San Vicente de Paúl en Mérida, los casi 40.000 visitantes que recibieron los museos diocesanos y la labor informativa de publicaciones como la revista diocesana semanal Iglesia en Camino y la revista Pax et emerita.

Impacto social y caritativo: respuesta a las fragilidades de hoy

La vertiente caritativa se materializa en 122 centros sociales y asistenciales que prestaron ayuda a más de 15.600 personas. En estas instalaciones, 541 desempleados recibieron orientación laboral, más de 3.800 personas mayores o con discapacidad obtuvieron acompañamiento y 1.900 personas inmigrantes recibieron asistencia adaptada a sus necesidades.

La diócesis también ofreció respuestas específicas en entornos de especial vulnerabilidad: 269 personas fueron atendidas en el ámbito de las adicciones, 136 en centros de escucha, casi 300 niños y menores en programas específicos y más de 300 mujeres en centros de promoción social. A ello se une la labor diaria de los tres comedores sociales -que alimentan a una media de 210 personas al día– y de la pastoral penitenciaria, que acogió a 35 reclusos. En su conjunto, la labor integral de Cáritas Diocesana de Mérida-Badajoz ha beneficiado a más de 9.000 personas, a lo que se suma la solidaridad internacional con cerca de 900.000 euros destinados por Manos Unidas a proyectos de cooperación al desarrollo y 59.000 euros invertidos por el Fondo Diocesano de Solidaridad en 6 proyectos concretos.

Sostener la misión: transparencia y compromiso económico

En el plano financiero, el ecónomo diocesano, Julián Peña, presentó la fotografía consolidada del ejercicio 2025, un balance que refleja una gestión basada en el equilibrio presupuestario. Con un volumen de recursos que superó los 18 millones de euros, la mayor parte de los ingresos provino de la aportación directa de los fieles a través de colectas y cuotas parroquiales (superando el 45 %), complementados por un 31 % procedente de la asignación tributaria (la X de la declaración de la renta, que reportó cerca de 6 millones de euros) y un 18 % en subvenciones públicas destinadas fundamentalmente a Cáritas y a la conservación del patrimonio histórico.

En cuanto al destino de los fondos, casi el 42 % se volcó directamente en la actividad pastoral y asistencial, mientras que un 23 % se consagró al mantenimiento y conservación de templos y centros parroquiales. Asimismo, se destinaron unos 5 millones de euros a las retribuciones del clero y personal secular, y más de un millón de euros a la amortización de préstamos bancarios contraídos por las parroquias para acometer obras de rehabilitación.

Desde la administración diocesana se recordó también el marco legal que acoge las donaciones a través de la Ley de Mecenazgo, permitiendo importantes desgravaciones fiscales en el IRPF (un 80 % para los primeros 250 euros donados por personas físicas), una herramienta clave para dotar a las parroquias de unos presupuestos más estables y previsibles.

Rostros y nombres: el testimonio de quienes entregan su tiempo

La dimensión más humana de la jornada quedó patente a través de los testimonios de dos personas volcadas en la entrega diaria.

Socorro Gómez.

Por un lado, Socorro Gómez, voluntaria desde 1997 en el Comedor Social de Nuestra Señora de la Acogida de las Hijas de la Caridad, en Badajoz, y colaboradora de Provida y del Colegio Nuestra Señora de la Luz, del instituto secular Hogar de Nazaret, compartió cómo ha evolucionado el perfil de la necesidad a lo largo de las décadas. Si en los años noventa el comedor atendía mayoritariamente a jóvenes con adicciones graves, hoy en día acoge a personas mayores solas o familias migrantes golpeadas por la precariedad habitacional. Para Socorro, que encontró en el voluntariado una forma de dar cauce a su vida tras la pérdida de su esposo, la labor diaria es una fuente inagotable de satisfacción: «Cuando llego a mi casa pienso que ni tengo derecho ni debo quejarme de nada», confiesa, destacando que la oración constante es el motor indispensable para evitar el desgaste en la entrega a los demás.

Por otro lado, Antonio Cerro, capellán del Hospital Universitario de Badajoz, delegado episcopal para la Pastoral de la Salud y vicepresidente de la red de voluntariado «Red Humanizar», visibilizó la callada labor que realizan los 16 capellanes presentes en los centros hospitalarios de la archidiócesis. Un servicio disponible las 24 horas del día, los 365 días del año, que va mucho más allá de la asistencia estrictamente sacramental. «No hay mayor pobreza que estar enfermo», señaló, explicando cómo los capellanes acompañan no solo al paciente y a su familia en los momentos de mayor vulnerabilidad, sino también al propio personal sanitario -médicos, enfermeras y auxiliares-, que a menudo afronta situaciones límite de estrés y dolor emocional. Asimismo, alertó sobre los retos actuales en materia de salud mental y el preocupante incremento de la soledad no deseada, campos donde el voluntariado diocesano teje redes de cercanía y escucha.

Con este panorama de fe viva, sostenido por el esfuerzo cotidiano de sacerdotes, religiosos y laicos, la Archidiócesis de Mérida-Badajoz encara un Día de la Iglesia Diocesana que invita a cada feligrés a tomar partido y responder con generosidad a una premisa tan sencilla como exigente: «Dios cuenta contigo».

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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