
Cuenta el sacerdote Cristino Portalo, ya fallecido, en Memorias de un cura, que en el año 1947 se produjo un magno acontecimiento religioso en Badajoz. “Merced a las gestiones y fervorosos ruegos de nuestro Sr. Obispo D. José María Alcaraz y Alenda, y gracias a la amistad que lo unía al Sr. Arzobispo de Évora y al Sr. Obispo de Leiría, la auténtica imagen de la Santísima Virgen de Fátima, que se venera en Cova de Iría y que estaba recorriendo excepcionalmente la provincia portuguesa de Évora, al acercarse a Elvas, entraría en Badajoz y permanecería dos días en nuestra ciudad”.
La llegada
La visita se produjo el 25 de octubre de 1947. “Se presenta en la frontera portuguesa de Caya la imagen milagrosa de Fátima, acompañada de fervorosos fieles del país vecino -cuenta don Cristino-, y es recibida, con sentido entusiasmo, por nuestras autoridades provinciales, eclesiásticas, civiles y militares, y un gran número de personas que se habían desplazado, unos en motos, otros en bicicletas y los más caminando”.
Las crónicas cuentan que el recorrido que hizo la imagen de la Virgen desde el puente internacional de Caya hasta la Catedral fue apoteósico.

“Fue tan intenso el entusiasmo del público, que no permitió que la Santísima Virgen hiciera el viaje en una carroza motorizada, como se había proyectado, sino a hombros de fieles devotos, con el acompañamiento de una multitud inmensa, que no conoció fatiga, a pesar de los kilómetros que de la ciudad les separaban, y que no cesaban en sus emocionantes cantos a nuestra Señora. Los aviones de la Escuela de Pilotos de esta ciudad, evolucionaron durante su recorrido, arrojando flores sobre la imagen”.
Cae destacar la llegada a Puerta de Palmas, “donde se hizo la recepción oficial”, y el paso por unas calles “abarrotadas de público, con cantos que continuaban sin cesar, los balcones profusamente adornados, una lluvia de rosas caía sobre la beatísima imagen”.
En la entrada principal del Ayuntamiento se levantó un altar, donde pudo contemplarse la imagen de la Virgen. “El Sr. Alcalde -cuenta don Cristino- dirigió una sentidísima alocución, interpretando el entusiasmo y cariño del pueblo de Badajoz, que se hallaba congregado en la plaza de san Juan. Le hizo la ofrenda de una hermosa placa, circundada por un rosario de oro y enriquecida con motivos ornamentales, en los que figuraban la Santísima Virgen de la Soledad y san Juan Bautista, como patronos de la ciudad” y los militares rindieron honores.
En la Catedral
En la Catedral “recibió día y noche el homenaje de todos sus hijos, de Badajoz y de la provincia, que habían acudido en nutridas representaciones locales”. Hubo 19 horas santas, “interrumpidas solamente por el Oficio Coral y la conmovedora procesión de las antorchas”.
Al día siguiente, “ante la presencia de la imagen de la Virgen de Fátima y con la asistencia del Sr. Arzobispo de Évora, nuestro Sr. Obispo ofició una solemnísima Misa Pontifical e impartió la bendición papal, por concesión especial”.

El día 27 se celebró una misa de enfermos en la que participaron “centenares de enfermos traídos por sus familiares, muchos de ellos en camilla”. Ese día, a las 4 de la tarde, salía de Badajoz la imagen de la Virgen recibiendo las últimas pruebas de cariño de los fieles en el recorrido por las calles principales.
Efectos
Según cuenta don Cristino, “la visita quedó un aroma de espiritualidad y un fruto religioso tan fértil, que se adquirió inmediatamente una imagen de la Virgen de Fátima con las generosas limosnas de los fieles… se le hizo en la Capilla de las reliquias de la Catedral un hermoso altar de mármol en el que está grabada la imagen junto con el anagrama del Ave María y el Agnus Dei”. Posteriormente, en el año 1968, “se traslada a la Capilla del Sagrario para que puedan tener cabida sus numerosos devotos”.
Redacción

