Profesión Solemne de Sor Catalina Mudarra Blanco como clarisa

Convento de las Clarisas de Almendralejo

_DSC0070 (600 x 400)El convento de las hermanas clarisas de Almendralejo se vestía de fiesta el sábado 30 de enero. Ese día realizaba su profesión solemne sor Catalina Mudarra Blanco

Según destaca en su crónica Avelino Cortés, 13 sacerdotes, entre locales y foráneos, concelebraron la Sagrada Eucaristía con el oficiante, el Padre Vicente Mateo Arias, O.F.M. del Convento de San Pedro de Alcántara, en Arenas de San Pedro (Ávila).
En la Monición de Entrada en la que se puso de relieve que “la consagración religiosa supone un abandono radical en las manos del Padre de la Misericordia” por parte de Sor Catalina Mudarra Blanco.
Lo más espiritual, piadoso y altamente emotivo lo compusieron, sin duda alguna, la Petición y el Interrogatorio. Por la primera, Sor Catalina, a requerimiento del Padre Vicente (“¿Qué pides a Dios y a su Santa Iglesia?”), respondió con voz clara y firme: “Pido, humildemente, ser admitida a la Profesión Solemne en esta familia de Hermanas Pobres de Santa Clara, para seguir con fidelidad, hasta la muerte, a Cristo, pobre y crucificado, y entregar mi vida en alabanza a Dios para bien de la Iglesia y la salvación del mundo”.
En el interrogatorio, el Celebrante preguntaba una y otra vez a la neoprofesa si deseaba consagrarse a Dios y seguir las Reglas de Santa Clara, recibiendo de Sor Catalina sendos y rotundos “Sí, quiero”.
Una extensa y muy elaborada Oración Litánica, abrió el camino hacia el hito central de aquella preciosa ceremonia religiosa: la Fórmula de Profesión de labios de Sor Catalina, la Bendición o Consagración de la Profesa por parte del Padre Vicente y la entrega del Anillo a aquella, de manos de la Madre Abadesa, Sor Carmen Rosa Huapalla Vázquez.
La enorme concentración de fieles en el templo clariano de Almendralejo, pudo observar a una emocionada Sor Catalina de Jesús Sacramentado exponiendo, con el corazón en la mano y los sentimientos a flor de piel, su firme decisión de pasar, de ser Clarisa Capuchina en su Alicante natal –profesión que realizó 28 años atrás-, a Hermana Pobre de Santa Clara en el Convento de Almendralejo, “su pueblo de adopción”, según sus propias palabras.

Arzobispado de Mérida-Badajoz
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