Hemos iniciado hace muy poco la Cuaresma. Palabras como ceniza y agua, conversión, solidaridad y ayuno forman parte del vocabulario cuaresmal.
Cenizas en la cabeza y agua en los pies. Y entre estos dos ritos, se va construyendo el camino cuaresmal. Un camino corto, apenas dura cinco semanas, y a la vez largo, muy largo y fatigoso pues se trata de partir de la propia cabeza para llegar a los pies de los otros. Para recorrer ese camino no bastan los 40 días que van desde el miércoles de ceniza hasta el día de jueves santo. Hace falta toda una vida, de la cual la cuaresma quiere ser la reducción en escala.
Conversión: vuelta al primer amor, creer en el Evangelio asumiéndolo como regla y vida. Esa es la urgencia que nos plantea este tiempo cuaresmal. Arrepentimiento y servicio; son las dos grandes predicaciones que la Iglesia confía, más allá de las palabras, a las cenizas y al agua.
Las cenizas nos queman la cabeza, como si acabasen de salir de la boca del volcán de nuestros pecados. Para apagar el fuego no hay otra salida que ponerse en búsqueda del agua que derramar sobre los pies de los demás. Cenizas y agua: Ingredientes primordiales de la lavandería de un tiempo, pero sobre todo símbolos de una conversión completa con vocación de toda una vida y de toda la de toda una vida y de toda la vida.
Ayuno, ayuno de todo lo que es superfluo y que vaya de la mano de la solidaridad; “reparte tu pan con el hambriento” (Tob 4. 16; Is 58, 10). Ayuno: más que privarnos de un plato, es privarnos del lujo; más que no sentarnos a la mesa, es hacer partícipe de nuestra mesa a los pobres. En este tiempo, con palabras del Papa Francisco, te propongo:
• Ayuna de palabras hirientes y transmite palabras bondadosas.
• Ayuna de descontentos y llénate de gratitud.
• Ayuna de enojos y llénate de mansedumbre y de paciencia.
• Ayuna de pesimismo y llénate de esperanza y optimismo.
• Ayuna de preocupaciones y lléna- te de confianza en Dios.
• Ayuna de quejarte y llénate de las cosas sencillas de la vida.
• Ayuna de presiones y llénate de oración.
• Ayuna de tristezas y amargura y llénate de alegría el corazón.
• Ayuna de egoísmo y llénate de compasión por los demás.
• Ayuna de falta de perdón y llénate de actitudes de reconciliación.
• Ayuna de palabras y llénate de silencio y de escuchar a los otros.
Si todos intentamos este ayuno, lo cotidiano se llenará de: paz, confianza, alegría, vida y nuestro ayuno sería una profecía.
Queridos hermanos: Feliz camino cuaresmal. Te abraza y bendice tu hermano y pastor
Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Arzobispo de Mérida-Badajoz

