¿Vuelta a la fe?

Queridos hermanos y hermanas: ¡El Señor os dé la paz!

En los últimos años se ha comenzado a hablar de un “posible resurgir religioso” en España. ¿Qué hay de cierto en esa afirmación? A primera vista ciertos fenómenos parecen confirmarlo: grandes encuentros de jóvenes, nuevas formas de evangelización y una mayor visibilidad pública de la fe. Sin embargo un análisis más profundo revela una realidad compleja, en la que convive el declive institucional con nuevas forma de búsqueda espiritual.

Por un lado, los datos muestran que España sigue siendo una sociedad profundamente secularizada. Solo alrededor del 55% sigue edificándose como católico, una cifra muy inferior sal 90% de finales del siglo XX y apenas un 17% se considera prácticamente. Además, entre los jóvenes el distanciamiento respecto a la religión institucional es aún mayor: cerca del 61% no se identifica con ninguna confesión. Este dato nos lleva a decir que la juventud española es más espiritual, pero se distancia de la religión institucional.

Según estudios realizados al respecto conocemos otro dato importante sobre las nuevas formas de espiritualidad. Éstas son más personales y desinstitucionalizadas, y se expresan en prácticas como la meditación, el yoga, el encendido de velas o el cuidado del vínculo con la naturaleza. De otros estudios se desprende que de las personas entre 18 y 24 años, el 27% se declaran agnósticos; el 21% indiferentes, y el
13% ateos.

Sin embargo esta secularización implica necesariamente una desaparición de lo religioso. Un número significativo de jóvenes alrededor de uno de cada tresse declara “espiritual” aunque no pertenezca
a una religión concreta.

Al mismo tiempo, cabe afirmar que sí existen signos de revitalización en determinados ámbitos. Algunos
estudios apuntan a un ligero aumento de la identificación católica entre los jóvenes en los últimos años tras décadas de caída. También se observa el crecimiento de otras confesiones, como las iglesias evangélicas, que superan ya los 4.700 lugares de culto en España.

Este resurgir se manifiesta igualmente en el plano cultural y social. Eventos multitudinarios, especial- mente dirigidos a jóvenes, muestran una fe viva de manera más emocional y comunitaria. Además la religión aparece en la música, el arte o las redes sociales, donde muchos jóvenes expresan inquietudes espirituales de forma novedosa.

Las causas de este fenómeno son diversas. En un contexto marcado por la incertidumbre, la soledad y la búsqueda de sentido, la religión o formas renovadas de espiritualidad- ofrecen respuestas existenciales y espacios de pertenencia. No obstante, esta vuelta a lo religioso no siempre se traduce en una mayor adhesión a las instituciones tradicionales.

En conclusión, más que un simple “retorno” de la religión, lo que vive España es una recomposición del hecho religioso. La fe no desaparece, pero cambia de forma: se vuelve más personal, plural y en muchos casos menos institucional.

En estas circunstancias, partiendo de la “vuelta de lo religioso” y del resurgimiento de la espiritualidad y creencias en las sociedades secularizadas, no como un retorno tradicional, sino a través de nuevas formas
individuales, la religiosidad popular y movimientos místicos; teniendo presente que este fenómeno cuestiona la secularización total, buscando sentido ante el relativismo cultural y el vacío existencial. Partiendo de ese dato, de que los jóvenes buscan algo más, la Iglesia está llamada a preguntarse cómo está respondiendo a esa necesidad de muchos jóvenes y no tan jóvenes.

Creo que ni descubro nada nuevo ni ofendo a nadie si afirmo que este “revivir”, o esta novedad, nos pilla eclesialmente “con el paso cambiado” en muchos aspectos. Y es que creo que, si hace unas pocas décadas se afirmara que la juventud iba a pedir al clero oraciones con el Santísimo Sacramento (encontrándose a veces con la reticencia o la prevención de muchos de sus miembros), o que las cofradías y hermandades de Semana Santa iban a ser un punto de partida en la vuelta a la fe de muchas personas alejadas de la Iglesia, seguramente muchos hubieran pensado que esto era algo imposible, e incluso algunos hubieran afirmado que se trataba de algo contraproducente o de un paso hacia atrás.

La religiosidad popular ha constituido ese “lugar teológico” del que hablaba también el papa Francisco, es decir, ese punto de encuentro entre la fe y la cultura (y en definitiva, entre Dios y los hombres), que, desde
la lógica de la encarnación, puede iluminar la fe de los creyentes del siglo XXI, constituir un atrio de los gentiles para aquellos que se acercan tímidamente hacia la Iglesia y también, funcionar como un potente altavoz del mensaje de Jesucristo de cara a nuestra sociedad.

mente para la Iglesia, será comprender y acompañar esta nueva sensibilidad espiritual desde
un profundo discernimiento que permita separar el trigo de la cizaña de un modo no enajenante, sino liberador. Ni todo es válido, ni todo es malo. En este sentido, se debe asumir que la religiosidad popular se
mue- ve entre las luces y las sombras, como todo acercamiento del hombre a Dios. Por tanto, es importante explorar y conocer esta “tierra de penumbra” que es la religiosidad popular, para no caer en reduccionismos, miradas ingenuas, actitudes parciales, excluyentes, etc., sino más bien valorar sus luces y alimentar las para que iluminen a otros, sofocando o atenuando así las sombras.


Vuestro pastor y hermano

Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Arzobispo de Mérida-Badajoz




Arzobispado de Mérida-Badajoz
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