Queridos hermanos y hermanas: ¡El Señor os dé la paz!
Este domingo celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, una Jornada que nos viene a recordar que todos pertenecemos a una iglesia local, a una diócesis, que pastorea un obispo, sucesor de los Apóstoles, por la cual nos incorporamos a la Iglesia Universal.
El lema de este año es “Dios cuenta contigo”, y nuestra Iglesia particular también. Cuenta con tu oración, con tu tiempo, con tus dones. El nuevo Plan Pastoral Diocesano que acabamos de estrenar nos invita a ello.
El compromiso evangelizador pasa en primer lugar por anunciar a Cristo con nuestra vida porque, mediante el bautismo, cada cristiano se convierte en discípulo misionero. Ello nos pide llevar la alegría del Evangelio a nuestro entorno: familia, trabajo, amistades y estructuras sociales. También a formarnos para justificar nuestra fe en un mundo complejo y a celebrar la fe participando activamente en la liturgia y los sacramentos, especialmente en la Eucaristía dominical, que es el centro de la vida cristiana.
En segundo lugar estamos llamados a un compromiso comunitario y evangelizador, a construir nuestra parroquia, que es el lugar desde el que la Archidiócesis se hace visible. El Día de la Iglesia Diocesana es una llamada a dejar de ser meros “espectadores” o “usuarios de servicios religiosos” para convertirnos en miembros activos.
Soy consciente de que, aunque queda mucho camino por recorrer, los cristianos vamos tomando cada vez más conciencia de que la Iglesia somos nosotros y que todos tenemos que implicarnos en la evangelización y en el sostenimiento de los distintos campos de la acción pastoral y social: seminario, liturgia, catequesis, ayuda a los más necesitados, construcción de nuevos templos…
En mis visitas a las parroquias de la Archidiócesis observo con alegría que muchos estáis muy comprometidos en vuestras parroquias, cosa que agradezco y animo. Tenemos que seguir potenciando esa corresponsabilidad, no porque estemos necesitados de sacerdotes, sino porque cada uno tenemos nuestro puesto en la Iglesia. Descubrid cada uno el vuestro y no tengáis miedo de aportar desde ahí los dones que Dios os ha dado para hacer crecer vuestras comunidades.
Gracias a ese compromiso, el año pasado se beneficiaron del auxilio de nuestra Iglesia local de Mérida-Badajoz 15.665 personas en muchos ámbitos: empleo, atención a personas mayores, promoción de la mujer, comedores sociales, vivienda, cultura, educación…
Pero además de la vivencia personal de la fe y el compromiso con nuestra parroquia, tenemos que esforzarnos por sostener las necesidades económicas de nuestra Iglesia. La Iglesia necesita recursos materiales para poder llevar a cabo su labor pastoral, caritativa y festiva. El Día de la Iglesia Diocesana subraya especialmente que la libertad de la Iglesia y su capacidad de acción dependen de la generosidad de sus hijos.
En este sentido tenemos la posibilidad de realizar una contribución económica periódica: además de las colectas dominicales u ocasionales, se nos solicita una corresponsabilidad estable (a través de las cuotas parroquiales o las domiciliaciones). Esto permite planificar los presupuestos de las parroquias y la diócesis.
Eso nos obliga a ser transparentes y rendir cuentas, mostrando a qué se destina el dinero que aportan los fieles, porque saber a dónde va el dinero nos ayuda a comprender que nuestro euro se transforma en algo común.
En este sentido, en el caso de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, se edita cada año por estas fechas un folleto que tenéis en vuestras parroquias, donde se explica la labor de la Iglesia y se detallan las cuentas, tanto la procedencia de la recaudación como el destino de los gastos. Hemos de decir que casi la mitad, el 45,45% de los ingresos, precede de las aportaciones de los fieles.
En resumen, el Día de la Iglesia Diocesana nos invita a cambiar nuestra mentalidad: Dejar atrás la pregunta “¿Qué me aporta la Iglesia?” a preguntarnos “¿Qué puedo aportar yo a mi Iglesia?”
Cuando nos bautizamos, la Iglesia se convierte en nuestro hogar y su misión es nuestra responsabilidad. Nuestro tiempo, nuestras cualidades, nuestra oración y nuestros bienes materiales son necesarios para que la luz del Evangelio siga llegando a cada rincón de nuestra Archidiócesis de Mérida-Badajoz.
Con mi bendición de pastor de esta Iglesia local que peregrina en Mérida-Badajoz.
Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Arzobispo de Mérida-Badajoz

