Encarna Huertas entraba el día de la Inmaculada en el Orden de las Vírgenes Consagradas, una vocación muy antigua en la Iglesia, pero muy desconocida en la actualidad.
El rito de consagración se llevaba a cabo en la eucaristía presidida en la Catedral por el Arzobispo don Celso Morga, que preguntaba a la candidata acerca de su propósito y determinación y se recitaban las letanías de los santos mientras Encarna se postraba en el suelo boca abajo, como se hace en el orden del diaconado o del sacerdocio.
Encarna leía la fórmula de la consagración; después, don Celso hacía sobre ella la plegaria de consagración.Posteriormente se le entregaba a la virgen recién consagrada el velo y el anillo, signo de su unión y fidelidad a Cristo, y el libro de las horas con el que realizar la oración de la Iglesia.
Las vírgenes consagradas no renuncian a su trabajo, viven de él y en sus casas, no en comunidad, y tienen promesa de obediencia al obispo. Este orden está presente en casi todos los países, en España existen unas 160, de las que 10 llegadas de distintos puntos de la geografía nacional acompañaron a Encarna en la Catedral.


