Jornada Pro Orantibus: «Nuestra unión con Jesús nos hace mujeres libres, alegres»

Entrevista a la hermana María Victoria, Concepcionista franciscana, en el monasterio de Cabeza del Buey

Concepcionistas franciscanas de Cabeza del Buey
Comunidad de Concepcionistas franciscanas de Cabeza del Buey

Este domingo se celebra la Jornada Pro Orantibus, que pone su atención en los consagrados y consagradas en la vida contemplativa.

Contemplativas en números
En nuestra Archidiócesis hay 13 comunidades femeninas y 170 religiosas de vida contemplativa pertenecientes a cuatro órdenes: Agustinas Recoletas, que cuentan con una comunidad en Fregenal de la sierra; Carmelitas Descalzas, con presencia en Talavera la Real, Fuente de Cantos y Badajoz; Clarisas, con dos comunidades en Badajoz, y comunidades también en Almendralejo, Campanario, Llerena, Montijo y Zafra; y Concepcionistas, que están en Cabeza del Buey y Villanueva de la Serena.
La presencia de la vida contemplativa en España es muy numerosa, hasta el punto de contar con un tercio del número total de monasterios de todo el mundo. Son concretamente 784 monasterios femeninos con 8.672 monjas. Los monasterios masculinos en España son 35, con 481 monjes en total.

 

 

 

Entrevista con la hermana María Victoria, Concepcionista franciscana en el monasterio de Cabeza del Buey

¿Cómo surgió su vocación a la vida contemplativa?
Yo me eduqué en un colegio de religiosas. Un día unas amigas me ofrecieron venir a conocer a las “encerradas”, como las llama la gente en el pueblo. Me llamó la atención su alegría y me sentí atraída por su vida, solamente pasé una tarde con ellas y me sentía muy bien. A partir de entonces comencé a venir a visitarlas, a rezar vísperas con ellas, a hacer oración… Poco a poco me empecé a sentir atraída por ellas, sentía que el Señor me llamaba a algo concreto, una llamada especial a la oración. A los 18 años entré en el monasterio.

¿Qué es exactamente la vida contemplativa?
A diferencia de lo que la gente piensa, que somos personas aisladas, tristes, que vivimos encerradas. Eso no es así porque nuestra unión con Jesucristo nos hace mujeres libres, alegres, y no una alegría hueca, sino la que nace de haber encontrado a Jesucristo, del encuentro con Él en la oración, en las pequeñas cosas de cada día, insignificantes pero que al hacerlas unidas a Él adquieren otro sentido. Por eso mucha gente, cuando se acerca al monasterio, sobre todo gente joven, y nos cuentan sus problemas, nos dicen que sienten una alegría especial. A lo mejor no les decimos nada llamativo, pero cuando se habla de Jesucristo la gente siente una cercanía especial, y lo necesita.

Ustedes dedican mucho tiempo a la oración, la relación con Dios
Sí, la gente estima importante la acción, lo que se puede ver y tocar, y no se dan cuenta de lo importante que es la oración. A mi me gusta decir que es tener la mirada y el corazón puestas en el Señor. Cuando queremos a alguien mucho sentimos la necesidad de estar con él, aunque no le digamos nada y algo así es la oración contemplativa, es estar con el Señor que nos quiere tanto, contarle nuestras cosas, sentir que Él está con nosotros en los momentos de dificultad.
Desde nuestra oración llegamos también a los problemas de todas las personas, de los sacerdotes, de las familias, de los misioneros, de los enfermos, es como la llave que nos lleva al corazón de Cristo.
¿Tienen conciencia de que estando ahí, sin salir, están poniendo delante de Dios las necesidades de toda la gente?
Exactamente. Así es.

¿Cómo es la vida en un monasterio de clausura?
Nuestra vida es la oración, el trabajo y el silencio. Todo esto intentamos vivirlo en comunión íntima con Cristo y con su Madre por el camino de los consejos evangélicos.
Dar testimonio de nuestra vida no es fácil porque la gente vive en un mundo tan tecnificado, tan acelerado, que pensar en el silencio les cuesta. Sin embargo, muchas veces, cuando nos miran y nos ven les da como paz nuestra vida.

¿Va mucha gente al convento para hablar con ustedes?
Sí, viene gente, nos cuentan sus problemas. Hace unos días, me decía una chica que fuera no tenía a nadie para contarle sus problemas porque cada uno va a lo suyo y no te escuchan. Aquí se sienten escuchados y saben que alguien va a rezar por ellos.

¿Cuántas horas dedican al trabajo y a la oración?, ¿cómo se estructura su día a día?
Nos levantamos a las 7 de la mañana y a las 7,30 hacemos laudes, luego la oración personal y la Eucaristía. Empezamos el trabajo a las 10 de la mañana, hacemos dulces, y estamos hasta las dos. Por la tarde, de 5 a 7 lo dedicamos al estudio. Después del estudio tenemos oración personal y vísperas. Después de cenar rezamos las completas y el oficio de lectura. Tenemos repartidas a lo largo del día las horas menores.

Audio entrevista hermana Mª Victoria, Concepcionista franciscana