Queridos hermanos: ¡El Señor os dé la paz! Podría parecer que se daba por concluido el curso pastoral con la visita del Papa León XIV a España en la primera quincena del pasado mes de junio. Pero nada más lejos de la realidad, a tenor de los acontecimientos vividos en nuestra Iglesia particular con posterioridad a su marcha, indicativos de su vitalidad y el deseo de continuar anunciando el mensaje del Evangelio. En fechas recientes hemos tenido la suerte de vivir tres momentos especialmente significativos para nuestra comunidad diocesana: la ordenación sacramental del primer diácono permanente en la historia de nuestra diócesis, el anuncio de la celebración jubilar diocesana con motivo del 750 aniversario de la consagración de la catedral de san Juan Bautista en Badajoz y la presentación pública del Plan Pastoral Diocesano para los próximos años.
Por orden cronológico, lo primero vivido con gran gozo fue la ordenación sacramental de Juan Antonio Morquecho Gil como diácono permanente, acontecimiento de singular importancia y con carácter histórico por ser el primero en la historia de la Archidiócesis que forma parte del ministerio ordenado en este grado restaurado por el Concilio Vaticano II (cf. LG 29) e instaurado en nuestra Iglesia particular desde el pasado 4 de octubre, memoria de san Francisco de Asís.
No creo que sea necesario insistir aquí en la alegría que ha producido en mí llegar a este momento, dado que durante todo el curso he vivido este hecho singular con especial interés, acompañando al candidato en los momentos más significativos y compartiéndolos con sus familiares y amigos. Pero también me gustaría dejar constancia ahora tanto de su respuesta al Señor a la llamada particular que la Iglesia le ha hecho como de su entrega y dedicación al servicio de los más débiles y necesitados de nuestra Archidiócesis acompañando a las comunidades parroquiales como trabajador de Cáritas Diocesana. Igualmente quiero agradecer públicamente la generosidad y acompañamiento de su familia, particularmente su esposa e hijo, para que su dedicación sea lo más provechosa posible, porque si bien es verdad que no se trata de un “ministerio compartido” sí tiene que ser ejercido contando con la colaboración de los suyos más cercanos.
Por seguir con el orden cronológico, lo siguiente ha sido la presentación de los actos que se realizarán con motivo del año jubilar que dará comienzo el próximo día 17 de septiembre con ocasión de la celebración del 750 aniversario de la catedral de san Juan Bautista. Este será también una oportunidad especial para realzar la importancia que tiene la sede episcopal en la Iglesia local. Ella sirve de vínculo de comunión de toda la comunidad diocesana y también es expresión de la comunión con la Iglesia universal, representada por la pertenencia al colegio de los apóstoles de quien ocupa dicha sede como consecuencia de su consagración episcopal.
Sin lugar a duda será una oportunidad para profundizar en el significado de la Santa Iglesia Catedral para los fieles de nuestra Iglesia particular. Con tal motivo se han organizado una serie de actos muy completa, que van desde celebraciones litúrgicas a otras con carácter más cultural, como visitas, exposiciones, conciertos, etc., sin descuidar las peregrinaciones que por vicarías podrán realizar como muestras de dicha comunión. Quiero expresar mi agradecimiento más sincero al Cabildo catedralicio por su organización y a la comisión encargada de pensar en todos los detalles que comporta un acontecimiento de este tipo.
Por último, que no por eso de menor importancia para la vida pastoral de nuestra Archidiócesis, en fechas muy recientes se ha presentado formalmente de manera pública el Plan Pastoral Diocesano para los próximos años Alegraos con la esperanza (Rom 12,12). Esta hoja de ruta que nos hemos dado entre todos para guiar la marcha pastoral de nuestra Iglesia es fruto del trabajo conjunto desde la celebración de las Asambleas Diocesanas en el curso pasado y que ha tenido su continuidad en el presente por parte del Consejo Diocesano de Pastoral. En él se creó un equipo de trabajo encargado de elaborar un borrador que pudiera ser dialogado y reflexionado de manera compartida dentro del propio Consejo. Así es como ha ido evolucionando su proceso de elaboración, con continuas revisiones por parte del Consejo Episcopal, hasta que en una sesión conjunta del Consejo Diocesano de Pastoral con el del Presbiterio fue debatido y ultimado como borrador y presentado a mí para su aprobación definitiva, cosa que llevé a término el pasado 12 de junio.
Con este Plan Pastoral Diocesano damos continuidad a la labor evangelizadora realizada en nuestra Iglesia local, pero al mismo tiempo fijamos la mirada en el futuro con la esperanza de que los próximos años puedan suponer un aliento en nuestra misión de seguir haciendo presente a Jesucristo al hombre extremeño contemporáneo con alegría.
El acento puesto en los tres ejes centrales sobre los que se estructura el Plan quiere mostrar nuestras preocupaciones actuales: la centralidad de la relación con Jesús, la valoración de la vocación personal vivida en la comunidad eclesial y la dimensión de encuentro con los demás en actitud de servicio. No os canso con más detalles que podéis mirar detenidamente cuando lo tengáis en vuestras manos, pero sí quiero animaros a todos (sacerdotes, laicos y miembros de la vida consagrada) a tomarlo como algo propio y a implicaros en su puesta en marcha para que nuestra comunidad diocesana sea fortalecida internamente y enriquecida en su misión.
Llegados con este número especial de Iglesia en camino al final del presente curso pastoral, agradecido por la implicación de cada uno y por el aumento de gracia que ha supuesto el trabajo en común entre todos, nos adentramos en el merecido tiempo vacacional que nos trae el verano. Con mi afecto y bendición en el Señor.
Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Arzobispo de Mérida-Badajoz

